viernes, 29 de abril de 2016

6º Domingo de Pascua – Ciclo C Domingo 1 de Mayo de 2016


Odresnuevos Evangelio 1_mayo_2016 Color Comentado

Lectura del Santo Evangelio según san Juan (14,23-29)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»
Palabra del Señor

ORACIÓN
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si estoy enfermo y no miro con ojos de amor
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si estoy débil y caigo en el orgullo
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si estoy triste y caigo en la angustia
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si estoy violento y me pierdo en la violencia
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si mi corazón es egoísta y vanidoso
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si mis oídos ya no escuchan tu Palabra
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si busco caminos de enfrentamiento
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si me olvido de los que sufren
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si pienso que todo en el mundo está bien
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si miro hacia otro lado cuando me necesitan
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si no trabajo por la paz ni por la fraternidad
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si no guardo tus Palabras
¡SÁNAME, SEÑOR!
Si no comulgo tu pan y te dejo de lado
¡SÁNAME, SEÑOR!
 
En esta Jornada Mundial del Enfermo podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos. A veces este servicio puede resultar duro, pesado, pero estamos seguros de que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestros cansancios y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el mejor vino. Cada vez que se ayuda discretamente a quien sufre, o cuando se está enfermo, se tiene la ocasión de cargar sobre los propios hombros la cruz de cada día y de seguir al Maestro (cf. Lc 9,23); y aun cuando el encuentro con el sufrimiento sea siempre un misterio, Jesús nos ayuda a encontrarle sentido.

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